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No todas las historias comienzan desde el principio, y este es el caso de El jilguero (The Goldfinch) ya que la película nos recibe con un Ansel Elgort, interpretando a Theodore Decker, con un monólogo de apertura tan dramático que te lleva directamente a enfrentar a la obra literaria en la que se basa este film.

Theo es un joven de 12 años cuando pierde a su madre en un atentado terrorista en el Museo Metropolitano de Arte, “toma” una pintura invaluable del museo y crece para convertirse en un comerciante de antigüedades falsificadas. Bueno, no falsificadas, sino “creadas” para ser antigüedades.

A lo largo de la historia, nos encontramos volviendo del presente al pasado y viceversa,  acompañando a nuestro protagonistas desde un momento crítico de su vida -que lo vincula con el cuadro “El Jilguero”, de Carel Frabritius- y todo lo que viven, tanto Theo como el cuadro, desde su estadía con la familia Barbour, su vida en Las Vegas junto a su padre Larry (Luke Wilson) y su novia que se dedica a vender drogas (Sarah Paulson), hasta sus años vividos en Nueva york junto a su compañero y maestro Hobie.

El jilguero está dirigida por John Crowley con el guión de Peter Straughan que se desvía levemente del material original de la novela publicada en el 2013 por Donna Tartt. Es un relato en primera persona de la historia trágica y llena de eventos desafortunados de Theodore Decker, que vive parte de su vida acomplejado por algo que no hizo.

Lo fantástico de esta adaptación es el casting. Desde el momento en que empezás a leer el libro probablemente imaginas a Nicole Kidman en el papel de Samantha Barbour, coleccionista de arte de Park Avenue y madre de cuatro hijos que abre las puertas de su casa a un joven Theo (interpretado por Oakes Fegley) después de que sobreviviera a la explosión del Met y se fuera a su casa a esperar a su madre, Audrey (Hailey Wist), quien nunca llega. Ademas, Jeffrey Wright también es perfecto como James “Hobie” Hobart, un restaurador de antigüedades con quien Theo viviría y tendría una relación muy cercana en la película. Del mismo modo, Finn Wolfhard, el joven actor que interpreta al amigo de Theo, Boris, que es un desencadenante gigante de del arco final de la película.

Si bien la película dura 149 minutos, hay muchos sucesos y mucho drama aplastado todo junto para poder entrar en ese tiempo. Hay muchas cosas, demasiado incluso para una película de 2 horas y media. Quizás debería haber sido una adaptación de una temporada para algún servicio de streaming como Netflix, Hulu o Amazon.. Pero así sucede con las adaptaciones de libros. Si una novela tiene el suficiente éxito, (te estoy mirando Stephen King!), invariablemente se lo traslada a la gran pantalla, sea o no adecuada para esta, y el guionista está obligado a incluir la mayor cantidad de contenido original posible, lo cual nos deja con un resumen de una novela de más de mil hojas en una película de apenas más de dos.

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